KATARSIS

LA MONTAÑA.

Recapitulando el tiempo, a veces pienso que dentro de mi mente siempre ha existido una montaña que me impedido avanzar. No me ha dejado ir donde quiero, aunque creo que la he domesticado… Ya la he dejado de ver como un muro oscuro que me hiere y detiene. Hoy la sobrevuelo, la surco, la transformo. Es casi una amiga. Aunque una amiga cruel, árida, dura, ruda, esperando que yo caiga. Pero no, eso fue antes… ya no, ya no.. No volveré a sucumbir a tus piedrazos de rocas inertes, inermes que habitan tu terreno fértil. Hoy te veo desde arriba, te imagino de colores sonrientes, de ríos, aunque secos, dispuestos a renacer… Montaña, aún sigues ahí.. Que quieres de mi… Yo se que es sólo una ilusión, tal vez no existes… ambos sabemos que tus colores son otros… No eres tan suave como me dijiste Tu delicadeza mordaz, ojalá desaparezca algún día… Pero ya no estaré para ti… Ahora sólo me basta saber que este colorido de formas ancestrales sobre tus colinas… Las dibujo yo y me río porque son sin tu permiso… Así que me he creado el poder de hacerte tan hermosa como siempre debiste haber sido.. La belleza la perdiste tu, sólo porque has querido mi amada montaña… Déjame en paz… Volaré sobre tus cumbres cuantas veces yo quiera… Y me alegra que estés ahí, porque eres mi desafío, un reto y un perpetuo y significativo… Aunque tengo que descansar de vez en cuando de ti, llegar es a veces necesario… No verte lo necesito, aunque sé que siempre estás…



 

VIAJE DE IDA Y VUELTA.

 

En este viaje de ida y vuelta, he decidido regresar a lo que quiero hacer y sentir, sin importar en lo que termine este interminable tránsito.

Las luces de la mañana tiñen levemente mi conciencia aún medio dormida, que no entiende que este es un día menos de mi vida… o tal vez sí lo comprende, y quiere aprovecharlo rescatando cada una de las texturas invisibles de sombras grises y luces que no brillan.

Capturo la silueta de la ciudad prácticamente sin mirar, de todo lo que transita ante mi, sin saber que su alma está quedando en un registro sin forma y que sólo yo se interpretar…

Un viaje de madrugada, como tantos otros, como el de la mayoría de las personas que veo en este camino, que se repite una y otra vez: 2 años, 500 viajes, no tengo más alternativa que registrarlo…

De vuelta, es otra historia, el regreso es con la carga del intenso día, al menos queda la esperanza de que en una hora más ya podré descansar, aunque el regreso se torna de noche y más oscuro, pero acompañado de mil filamentos que se ven en el infinito cercano, luces interminables, imprudentes, blancas, rojas azules y verdes son las dominantes, pero para mi aquí son sólo luces definidas y difusas, de gente en tránsito como yo, que sólo pretenden terminar pronto este camino diario, rutinario, con algo de fe ilusa de que al día siguiente el regreso será algo distinto: eso sería ya un triunfo…

Con algo de suerte, a veces llueve y el camino desaparece ante mis ojos… el cristal que me separa del viento se nubla y los árboles dejan de ser árboles, los automóviles simplemente se transforman en lo que yo imagino de ellos. La mayoría de las personas ya han dejado de existir en este trayecto de capturas en transe.

En ese estado, mi deseo de que nada se escape a mi lente, aumenta, no sé como explicarlo, no tendría porque… no me detengo un segundo, no hay pausa. El mundo sigue tan deforme como es, como una gran masa de colores difusos, la textura ha desaparecido, no me importa, nunca me ha dejado de importar, aunque suene contradictorio…

Al fin he llegado y tengo la misma sensación de siempre, sí, otro día de mi existencia se está acabando y no he logrado las capturas suficientes de estas calles demasiado conocidas y que he aprendido a detestar. Estoy nuevamente ansioso de revisar la serie diaria robada a este viaje de ida y vuelta, porque al recorrer estas fotografías, aparecen ahí nuevamente las calles, pero como un lugar desconocido, donde nunca he estado en mi vida.

Es un alivio: este día, al parecer, nuevamente ha valido la pena…